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CanesCool

La muerte de un perro mágico

07-03-08


El día 29 enero 2008, alrededor de las 12:30, en el paraje natural de Punta Entinas, a 400 metros de una zona habitada (el faro) y en su camino de acceso, a 50 metros escasos de mi esposa Esther quien acababa de desear buenos días al “guarda forestal” y  en ese momento estaba llamando a voces para seguir la alegre carrera de todas las mañanas  a nuestro perro Golfo, un hermoso griffón  de pelo duro mezclado de color miel, ojos de color miel,  de 2 años de edad  el ser más alegre y pacífico de este mundo, con una dura vida y que habia tenido la suerte de encontrar su lugar  por lo que se sentía el ser más afortunado del universo; (y nosotros por otra parte).

Con toda su documentación en regla (vacunas, chip etc) y con el collar que lo identificaba puesto al cuello y  que  se había entretenido haciendo sus necesidades y oliendo y  que se puso a tiro de un empleado de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucia, al que seguro vió y del que no sospechó  por lo que ni  huyó ni hizo ademán de esconderse; dicha persona, incapaz de distinguir un perro con el collar puesto, de cepillado diario, bien alimentado y que no huye,  de un perro vagabundo y cumpliendo muy mal con su función, disparó a corta distancia con su escopeta  calibre 22 y mató en el acto (sólo tuvo tiempo de dar tres gemidos) a Golfo y con ese simple y cruel acto, puso patas arriba toda nuestra vida.

Esther tras una breve busqueda encontró el cadaver, al minuto escaso ya que se encontraba a pocos metros de donde cayó, y tras unos minutos de gritos y sollozos, pensó que se había muerto de repente, ya que no presentaba a primera vista signo de violencia, fue a buscar al guarda forestal que estaba al lado,  para que le ayudara a llevar a Golfo al faro, pero éste tras acabar su “trabajo” simplemente se marchó (o bien  es práctica habitual dejar los cadáveres tirados a 20 metros de una carretera, o bien, oyó los alaridos de  Esther y se fue...), por lo que, lo enterró someramente, y volvió al Faro donde residimos, a esperar mi regreso, yo trabajaba ese día en otro faro de la provincia.

Cuando  regresé, a punto de acabar la jornada de trabajo, fui a preguntar a Esther que donde andaba Golfo y ella llorando me dijo sencillamente” ya no va a volver”, tras un rato salimos con nuestro vehículo a recoger el cadaver. Al realizar una inspección más a fondo, observamos un pequeño orificio de 3 mm entre las costillas y comprendimos que era un disparo y tras reconstruir los hechos que Esther iba recordando (yo oí chass y pense que se había tirado al agua (hacia calor) y luego ayygh, aygh , ay” y luego nada hasta que lo encontré) guardamos el cuerpo en nuestro coche para llevarlo al veterinario. Por la tarde y tras muchas elucubraciones, nos dimos cuenta que el tiro se lo podía haber llevado Esther, pues estaba muy cerca, después que o bien lo había abatido el Guarda forestal ¿? o lo había hecho un sicópata, eso nos alarmó.

            El veterinario que lo inspeccionó me ha expedido un certificado determinando la causa de la muerte. No enterré esa noche el cuerpo por si hiciera falta volver a examinarlo.

A la mañana siguiente 30 de enero, Esther vió pasar el coche de medio ambiente rodeando el faro y salímos corriendo para interceptarle y  preguntarle si tenía algo que ver o si había visto algo extraño. Mariano que así se llama, al que conocía de vista (trabajamos cerca por razones obvias), reconoció en seguida que el día anterior 29 había matado tres perros, que era su trabajo y me enseñó la autorización escrita que llevaba y que desde la fecha de ésta (19 de septiembre) había acabado al menos con 40 perros, mi mujer le lió un “pollo” tremendo (entre lagrimas) y yo quise quedarme con el escrito, no me dejó, ni tampoco tomar un fotografía,  pero si tomar notas para hacer un borrador. El agente reconoció con gallardía que lo había hecho él y no trató de esconder el hecho. La autorización la firmaba el Sr.D. Juan Jose Luque Ibañez, llamé a este señor  pero sólo pude hablar con su secretaria, le pedí una explicación y le facilité mi número de teléfono.

En la mañana del 31 contactó conmigo D. Jose Perez, coordinador de los guardias forestales, que me expresó su malestar y el del departamento, el del guarda implicado en los hechos y el del Delegado, tras agradecer el interés le comenté que independientemente de que nos reunieramos, la denuncia había que presentarla, así como darle difusión, la ausencia de la cual había motivado la muerte, ya que el asunto se había estado haciendo “de tapadillo” y que si hubiera sido público el exterminio de perros,  esto no hubiera pasado. El  se alarmó con lo de la denuncia, y explicó que si  la  presentabamos él tendría que abrirle un expediente al agente, me  recomendó que  presentara  un escrito en la Oficina de la Delegación de Medio Ambiente ya que ellos contaban con cobertura legal total para hacer lo que hacían y que él me ayudaría cuando quedáramos con el Delegado, (tenía intención de recibirme el viernes o bien el lunes próximo). Comprendimos que era un chantaje moral.

Tras hablar con la veterinaria enterré el cuerpo frente a la puerta del faro para verle todas las mañanas y le juré allí mismo que esto no iba a quedar así.

Esa noche entendimos que: La Agencia de Medio Ambiente en Almería había ordenado la ejecución de cuanto perro se pusiera a tiro, en los sitios que gestiona,  sin hacerlo público y notorio, para que los propietarios de perros pudieran proteger  a los suyos, y discutir desde grupos de amantes de los animales la oportunidad de tal medida. Pienso que los españoles preferiríamos usar otras prácticas (que existen y muy fáciles) y no medidas tercermundistas para eliminar los problemas de perros asilvestrados, y que hay leyes contra el maltrato animal.

Por estas fechas hemos realizado gestiones par que me recibiera algún alto cargo del Psoe de la provincia, pero sin éxito, me remitieron al Delegado

Queríamos dejar al guarda al margen, pero el día 3 efectuamos una reconstrucción cuidadosa (aunque no profesional) de los hechos: ponerse donde se puso el guarda (se ven sus huellas) y un objeto donde cayó el perro, y Esther se coloca donde oyó el “chas” y repite lo que hizo: sube la  cuesta avanza otro poco para llamarle y de pronto se pone en pleno centro de la linea de tiro saliendo detrás de un matorral que la oculta de la vista,  tiempo (sin cronómetro) dos minutos. Pudo resultar herida o muerta.

El lunes 4, un abogado  me desaconsejó toda acción, si acaso reclamación patrimonial, ( no  queremos), o bien ir contra el agente, que tendría su familia,  y que si quería que estudiaría más legislación, pero que todo costaba dinero.

El martes 6 me reuní con el Delegado Provincial de Medio Ambiente, puedes consultar el resumen de la entrevista.

Tras reflexionar y tras cancelar nuestros tratos con el abogado, Esther presenta denuncia en el puesto de la  Guardia Civil de El Ejido contra el guarda forestal, yo denuncio al Delegado de Medio Ambiente de Almeria, por omisión de restricciones a sus agentes del orden de “no disparar cerca de una persona realizando deporte” y cosas como esa, así como por la inmoralidad con la que dirige el departamento.

Tras todo esto, poco más, llevamos un mes tratando de interesar a la prensa, que en general ha demostrado pocos reflejos, tan sólo un par de recortes en la Voz de Almeria, y algo más por ahí suelto, que no controlo porque no se han dirigido a nosotros para preguntarnos. Hemos hablado infructuosamente con varias televisiones y periodicos, y bueno.  El Mundo si que ha publicado pero ya el 1 de marzo un artículo extenso en su edición para Almería y hoy 3 de marzo me han llamado y hemos tenido una entrevista en Radio Diputación, así que supongo que se irá conociendo el caso poco a poco.

Autor: Golfo


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